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viernes, abril 9

Comunicación

Disculpen que dejara de escribir por tanto tiempo. Tengo varias ideas en la cabeza, mucho que decir, pero no lo he sabido organizar. Trataré de aclarar mi punto de hoy.

En estos locos días con el Internet cada vez a la mano de más gente y las redes sociales como micrófono, todos nos estamos convirtiendo un poco en reporteros, periodistas, escritores, comunicólogos. Así como les digo, el ciberespacio nos da ese poder, de estar del otro lado, de decir lo que pensamos. El problema que veo es que no siempre pensamos lo que publicamos.

Entonces me puse yo a divagar entre miles de cosas y casi siempre aterrizo en lo mismo: la educación. Se supone que a todos nos enseñaron en la primaria a leer y escribir bien, a llevar una hilación de ideas, con congruencia y orden. Digo no todos escribimos cosas dignas de un Nobel, pero siempre es importante saber expresarse. La cosa se complica cuando hablamos de fuentes de información. La veracidad de las ideas expresadas es una responsabilidad que todavía la mayoría no contemplamos y en un futuro no tan lejano las escuelas deberán (deberían?) implementar ejercicios para fortalecer esa habilidad. Porque cuando 'tuiteamos' 'blogueamos' o 'posteamos' estamos tomando información de nuestra experiencia personal o de otras fuentes. ¿Cuántas veces nos detenemos a pensar en la calidad de las cosas que estamos publicando?

Tenemos un arma de dos filos, vivimos en una época donde TODOS podemos ser escuchados, ¿pero realmente tenemos algo que decir? Los noticieros llevan días dándole la primicia a Paulette, que si bien es un hecho lamentable, no concierne a la mayoría de la gente. Cosas mucho más grandes están pasando en nuestro país, ¡En el mundo!

Por eso agradezco enormemente vivir en una época donde puedo decidir que escuchar, que ver en la televisión, que creer y que postear. Pero nunca olvidemos que la libertad de expresión se acompaña de una enorme responsabilidad.